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De los despachos a la Feria del Libro de Madrid: una mañana que no olvidaré



Hay momentos que, aunque los imaginas muchas veces, nunca sabes realmente cómo vas a vivirlos hasta que llegan.


Esta mañana he tenido la oportunidad de firmar ejemplares de mi libro No te fíes del cuñado en la Feria del Libro de Madrid, en la caseta 186 de Librería Olavide.


Confieso que acudí con ilusión, pero también con cierta incertidumbre. Como autora novel, una siempre se pregunta si alguien se acercará, si el libro despertará interés o si aquello que comenzó como una idea acabará encontrando realmente a sus lectores.


La respuesta llegó muy pronto.


Durante toda la mañana se acercaron personas de perfiles muy distintos. Algunos ya conocían el libro, otros habían leído alguna noticia sobre él y muchos simplemente se sintieron atraídos por el título. Hubo conversaciones sobre emprendimiento, fiscalidad, empresa, autónomos y también sobre experiencias personales, proyectos e ilusiones.


No te fíes del cuñado nació para acercar conceptos que muchas veces parecen complejos o inaccesibles. Mi intención nunca fue escribir un manual técnico, sino una guía cercana, práctica y comprensible para quienes emprenden, dirigen un negocio o simplemente quieren entender mejor el mundo empresarial.


Ver cómo lectores de diferentes edades y profesiones conectaban con ese mensaje ha sido, sin duda, la mayor recompensa.


Ver además el libro en la Feria del Libro de Madrid, con su sello de 2ª edición, es algo que todavía me cuesta creer.


Más allá de los ejemplares firmados, me llevo algo mucho más valioso: las personas.

Las sonrisas, las fotografías compartidas, las palabras de ánimo, las historias que me contaron y el cariño recibido durante toda la jornada.


Quiero agradecer especialmente a Librería Olavide por su acogida, a Ediciones Ruser y, en especial, a mi editor, Francisco, por confiar desde el primer momento en este proyecto, así como a todas las personas que se acercaron a saludarme, se llevaron un ejemplar o simplemente me dedicaron unos minutos de conversación.


Y si esta experiencia me ha enseñado algo es que los proyectos más bonitos suelen comenzar exactamente así: con una idea, mucho trabajo y personas que confían en ti.


Gracias por acompañarme en esta aventura.


Gemma Cuena Gil

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